Hubo un tiempo en el que esta región poblana era una rico manantial y no “la capital de la mezclilla”. Hubo un tiempo en que las aguas eran cristalinas y no color “Azul501” de Levi´s. Hubo un tiempo en que los pueblos indígenas de esta zona poblaban los campos y no las prisiones (7 de cada 10 presos en la cárcel regional son indígenas). Hubo un tiempo en que los niños jugaban en las plazas después de la escuela y no eran simple y barata fuerza laboral de 8 a 8. Un tiempo ahora tan lejano. El tiempo en el que en Tehuacán no había maquiladoras.
Las maquiladoras, que en este país no son menos que modernos y legales centros de esclavitud, se han construído aquí uno de sus más productivos paraísos de impunidad. Sedes de la explotación donde los salarios no son bajos, son una broma cruel; donde una mujer puede ser tratada igual que en un burdel, donde los derechos laborales no incluyen siquiera un botiquín de primeros auxilios.
En una de ésas cuevas, un grupo de 166 trabajadores se atrevió a pedir menos que lo justo, recibiendo por toda respuesta un anuncio de despido.
La demanda de los trabajadores de la empresa maquiladora “Calidad en Confecciones” propiedad de Lucio Gil Díaz, era sencilla: el pago de horas extras y la eliminación de una larga lista de absurdos descuentos que reducían el salario de los trabajadores hasta casi desaparecerlo: $10 diarios por retardos de un minuto (cuando muchos trabajadores proceden de comunidades del sur de Ajalpan donde los medios de transporte son precarios y limitados), $50 por llevar aretes, calzado abierto o el cabello suelto y un descuento del 10% del salario “por motivos de producción”. Lo que estos descuentos significan para quienes, como ellos, perciben ínfimos sueldos de entre 300 y 600 pesos semanales y gastan alrededor 100 en transporte, es apenas la continuidad de la más honda pobreza.
Los empleados llevaron sus peticiones a la Junta Local de Conciliación y Arbitraje. El 10 de noviembre pasado se firmó un convenio para cumplirlas. El convenio nunca fue respetado. Los empleados de la planta organizaron en protesta un día de “brazos caídos”. Durante todo ese día fueron hostigados, insultados, intimidados con videocámaras que registraban “a los que no trabajan” e incluso fueron encerrados para impedirles salir a comer. Una semana después, al llegar a la empresa, los empleados fueron detendidos a la entrada y comunicados de la orden de Lucio Gil de no dejar pasar a nadie. Fue ésa su primera solución escapista. Las siguientes fueron una sucesión de los mismos juegos de escondidas. Hoy, incluso, presume que se irá del país a disfrutar de la riqueza construida sobre el dolor y la humillación de sus empleados .
Los 166 volvieron entonces a la Junta de Conciliación y Arbitraje de Tehuacán, donde esperaban encontrar justicia, donde buscaron amparo contra las vejaciones de Gil Díaz, y donde sólo encontraron puertas cerradas. “Nosotros confiamos en esas personas que nosotros elegimos, y que gracias a nosotros visten de saco, corbata y un pantalón bueno”, dicen, pero Alejandro Conde, el presidente de la Junta, no era merecedor de esa confianza. Les traicionó primero con sus oídos sordos y después con su descarada complicidad.
Era imposible quedarse de brazos cruzados, pero los maquileros volvieron a depositar su confiaza en un recipiente vano, el gobierno del estado, presidido por Mario Marín Torres . “Seguimos adelante, hicimos más luchas, fuimos hasta Puebla para que se nos escuchara pero desgraciadamente fue peor” dice Vicente Saavedra, al recordar cómo pasaron de ser tratados como esclavos a ser tratados como delincuentes cuando intentaron llegar hasta donde Marín presentaba su informe de gobierno destacando su apoyo a los empleados de las maquiladoras. Más de 300 granaderos les impidieron el paso.
“Nosotros simplemente íbamos a decirle que mandara funcionarios buenos, que deveras quieran al pueblo. No íbamos a mentársela, porque nosotros sí tenemos dignidad. Pero nos detuvieron como si fuéramos delincuentes, no nos dejaron pasar. Me sentí como un emigrante estando en mi estado, que es Puebla. Y todo eso cuando el gobernador Marín dice que estamos en un “estado de derecho”, ¿cuál derecho? Nos ponen una valla derecho para que no pasemos”.
Fue entonces cuando los 166 no tuvieron ya nada que esperar de arriba. Pero no estaban solos, peleaba a su lado Martín Barrios, su Martín Barrios, miembro de la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, su defensor, y un verdadero compañero. Pero Martín pagó con dos golpizas y dos semanas de cárcel la osadía de exigir justicia.
“Nos lo querían arruinar, ellos pensaron si a este cabrón lo bajamos ya no pasa nada, pero al contrario, eso nos está impulsando a seguir adelante, porque él nunca nos ha dejado solos”, cuentan, evidenciando el respeto y el cariño que le profesan .
Lucio Gil Díaz esperaba que los golpes detuvieran a Martín. No fueron suficientes para pensar siquiera en un paso atrás. Entonces lo acusó de chantaje. Hasta para eso fue torpe. A la hora en la que según Gil, Martín se encontraba en su oficina tratando de vender la indiganción de los 166 a cambio de 50 mil pesos, Martín estaba manifestándose con ellos en la calle. Un video lo comprobó más tarde.
Los poderosos se equivocaron. El gobernador Mario Marín no imaginó nunca que el precio por complacer a sus millonarios amigos sería tan alto. El escándalo fue mayúsculo y se sumó al provocado por otra injusticia, el encarcelamiento de la periodista Lydia Cacho por publicar una investigación sobre la prostitución infantil que involucraba al “rey de la mezclilla”, Kamel Nacif. Para Lydia y Martín, el apoyo, la palabra alzada de cientos de personas y organizaciones alrededor del mundo. Para el gobierno de Marín, el desprecio y el total descrédito.
Perdieron y están furiosos. Se nota en las pesecuciones que no cesan. Aún este domingo, Martín Barrios denunciaba en la plaza, junto al Subcomandante Marcos, amenazas recientes. “Ya me golpearon, ya me encarcelaron, ahora ¿qué sigue?”, pregunta Martín reconociéndose preocupado, pero no amedrentado. Nada. El pueblo trabajador de Altepexi, como ya lo ha demostrado, no permitirá que lo dañen. El Delegado Zero, lo sabe de antemano cuando les da una encomienda que casi sobra: “A este compañero hay que cuidarlo porque él representa mucho aquí en el Valle de Tehuacán y a lo mejor él no lo sabe pero también representa mucho en la lucha que estamos levantando en todo el país”, y aprovecha para sentenciar: “No vamos a esperar a que le pase algo para elevar nuestra voz y advertir de una vez al gobierno estatal, al gobierno federal y a los poderosos que no está solo. Que todo el movimiento nacional de la Otra Campaña está con este compañero”.
No pasarán de nuevo sobre la indiganción y la rabia de Altepexi. Los modernos métodos de explotación del sistema capitalista, que no distan mucho de la esclavitud, y los poderosos que los imponen, no serán más tolerados. Los trabajadores de Altepexi lo dejaron claro: “Mario Marín, te exigimos que hagas valer el estado de derecho que tanto presumes, que hagas valer la ley del trabajo. Eres un cachorro de los empresarios. Quiero que sepas que Altepexi y todos los trabajadores de México te repudiamos”, expresó Alejandro Gregorio, reflejando el sentimiento de sus otros 727 compañeros de la maquiladora Tarrant, propiedad de Kamel Nacif, otro entre cientos de ejemplos de desprecio a la dignidad obrera.
Si los jeans hablaran.
Luego de escuchar durante todo el día decenas de historias como éstas, el Subcomandante Marcos, lanza en la plaza de Altepexi una pregunta, ¿qué pasaría si las mercancías que adquirimos nos contaran lo que hay detrás de su producción?. “Porque en el pantalón no está escrita la historia de explotación que nos contaron las compañeras y compañeros. No están las jornadas laborales, que esa historia ya la conocimos, hace cien años así eran las jornadas laborales, de 12, 14 y hasta 16 horas como nos explicaron, no está la humillación que reciben de parte de los jefes de línea o de los gerentes, o de los capataces, como se llamaban hace cien años, la explotación de la que son víctimas después de esas jornadas laborales tras las que solo reciben una pequeña cantidad de dinero. Imagínense que cada mercancía que compramos llevara la historia de explotación, de sufrimiento y humillación del trabajador”.
El Sup contesta su propia pregunta: “Entonces cada mercancía que consumimos se convertiría así como en un agitador que estaría diciéndole a la gente en todo momento que este país no vive en la justicia, en este país no están cabales las cosas.”
Pero no. Ni Levi´s, ni Tommy Hilfigger, ni Ralph Lauren , ni Wrangler, ni Calvin Klein, ni Armani, ni el JC Penney, tienen vocación de agitadores sociales. No van a contar nunca las historias detrás de sus grandes imperios . Pero esas historias ya tienen un espacio, ya tienen voz, y muchos oídos: La Otra Campaña.
“Lo que importa es que esas historias se digan y se hablen. Abrir el oído al compañero, conocer su historia, aprender a decir ese nosotros, saber que somos compañeros de lucha”, explica el Sup. “Y entonces sigue esta parte de echar trato. Entonces tal vez volvamos a enfrentar la soledad de nuestra mesa, de nuestra casa, de nuestro trabajo, de nuestro campo, de nuestra montaña, peor ya de otra forma, sabiendo que esa soledad está empezando a desmoronarse, como se desmoronan las cosas de por sí para yo no volver a encumbrarse, que es desde abajo”.
Y que entonces llegue un tiempo en que el valle de Tehuacán vuelva a ser limpio y luminoso de sonrisas. Un tiempo en el que en este país no existan más la explotación y la miseria. El tiempo que aquí y ahora está en construcción. |