|LOS PUEBLOS INDIOS: PASOS A LA UNIDAD, PASOS A LA OFENSIVA |
| | Autor(a): KARLA GARZA
| Fecha: 1:44pm Martes 4 Abril 2006
| Categoría: Por La Sexta y La Otra Campaña |
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Reunión de la Otra Campaña con pueblos purépechas de la Meseta Tarasca en Nurío, con la presencia de miembros del CNI Centro-Pacífico.

Nurío, Michoacán.
02-Abril-2006
LOS PUEBLOS INDIOS: PASOS A LA UNIDAD, PASOS A LA OFENSIVA.
Reunión de la Otra Campaña con pueblos purépechas de la Meseta Tarasca en Nurío, con la presencia de miembros del CNI Centro-Pacífico.
Por Karla Garza
“El maíz es cuerpo y alma de nosotros, nuestros antepasados nos dieron esa herencia de que la vida es el maíz, aunque no vale ya en nuestro tiempo y hay un poder que nos quiere acabar y lo hace al no valer nuestra vida, el maíz”, dice Agustín González, comunero purhépecha de Nurío y deja bastante clara la situación de los pueblos indios ante el poder: cada día valen menos. Aunque no así la tierra en la que viven, cada día más codiciada por los ricos.
Siglos de sometimiento, siglos de robo y despojo, siglos de desprecio, pero también siglos de resistencia, de rebeldía y de dignidad se ponen hoy sobre la mesa en la reunión que el Delegado Zero sostiene en la comunidad autónoma de Nurío, municipio de Paracho, la segunda con pueblos indios de Michoacán y en la que están también presentes miembros del Congreso Nacional Indígena región Centro-Pacífico para abordar temas como tierra y territorio, libre determinación, agua, PROCEDE, PROCECOM, derechos y cultura indígena. Pero esta vez, cuando ha pasado ya el tiempo de pedir y es el momento de ejercer.
“Hace cinco años”, recuerda el Sub Comandante Marcos, “llegamos aquí a la casa del purhépecha. Estuvimos aquí en la reunón del Congreso Nacional indígena que convocó a decenas de pueblos indios de este país y juntos elevamos nuestra palabra al poderoso reclamando que nos reconocieran nuestros derechos y nuestra cultura como indígenas que somos.
Hace cinco años le ofrecimos al poderoso la palabra, nuestra palabra de dignidad para demandar un lugar para nosotros en esa bandera, la bandera nacional. Los poderosos y sus partidos políticos nos negaron ese lugar, nos traicionaron.
Entre esos que nos traicionaron está el que hoy malgobierna las tierras de Michoacán, el que se dice gobernador y dice que se preocupa por la gente de abajo. De esa gente y de gente como ésa llegó la traición a nuestra oferta de diálogo y de acuerdo para que este país reconociera a los indígenas, a los que levantaron esta nación sobre sus espaldas, con su sangre.
Ahora no venimos a ofrecer diálogo ni acuerdo, ahora los reconocemos a ellos como nuestros enemigos. Ahora reconocemos que la guerra de conquista no ha terminado y que el extranjero quiere apoderarse otra vez de nuestras tierras por medio de las trampas gubernamentales. No estamos ya buscando el diálogo con el que manda, lo que estamos buscando es que caiga, que desaparezca y junto con él caigan y desaparezcan los ricos que nos han sumido en la larga noche que venimos padeciendo desde hace 500 años. Llegó la hora de alzarse en un gran movimiento civil y pacífico para ocupar a la fuerza el lugar que debemos tener en esta nación mexicana. Ya no tiene caso esperar del poderoso un oído atento. No les interesamos. Nos desprecian.
Hemos llegado a la casa del purhépecha para empezar a hacer junto con otros el gran acuerdo que vuelva a levantar la rebelión como en la revolución mexicana, como en la guerra de independencia pero ahora teniendo cuidado que no vuelvan a quedar olvidados los pueblos indios a la hora del triunfo”.
Todas las voces en este foro evidencian esa enconada “guerra de conquista” contra los pueblos indios, como sin bemoles la define el Sub Comandante Marcos. Están aquí, por ejemplo, representantes de la comunidad de Bancos de San Hipólito, waxarikas de Durango que sufren la invasión de sus tierras a manos de falsos propietarios que se compraron títulos igualmente falsos, además de los intentos de dividirlos y el desconocimiento de sus autoridades tradicionales y formas de organización por parte del gobierno. De la comunidad de Ostula, de la costa de Michoacán, presionados para entregar sus lotes en la playa, para entrar al “desarrollo”, para autoriazar exploraciones mineras, divididos por conflictos de límites e invasiones, sin los más elementales servicios. Del pueblo nahua de Ayotitlán, de Jalisco, resistiendo los embates y la injerencia en la vida comunitaria de dos grandes empresas mineras dueñas del consorcio Peña Colorada, que no sólo explotan la tierra sino también a los trabajadores. Del pueblo hñahñu de Atlapulco, del Estado de México, que a pesar de ser el “lugar donde nace el agua”, es despojado de ella desde hace 60 años. De los pueblos otomíes de Guanajuato, cuyos centros ceremoniales sagrados han sido ultrajados por los Teléfonos que nos son de México sino de Carlos Slim. De los pueblos chichimecas de Paso Colorado y San Ignacio, en ese mismo estado, con quienes se ha ensañado el gobierno por negarse a ceder una gran extensión de tierras que la hermana del presidente Fox planeaba convertir en zona hotelera. Del pueblo purhépecha de Comachuén, con sus tierras destrozadas y endeudados hasta el cuello con las trasnacionales que envenenaron las tierras en el engaño de la “revolución verde”. Del pueblo purépecha de la Meseta Tarasca, que igual que muchos otros, se ven impedidos para usar los bosques de la manera cuidadosa y sostenible con la que saben hacerlo para presenciar en cambio como las grandes empresas madereras se enriquecen con la tala inmoderada.
Apenas un asomo, apenas unos cuantos ejemplos de entre miles. Esta tarde se escuchan y se identifican. Se saben parte del mismo mapa de abusos que las grandes empresas están dibujando en todo el país con el consetimiento y la colaboración de los gobiernos en todos los niveles, un gobierno que como bien dice Gaudencio Mancilla, de Ayotitlán, “está de la mano y a la mano de los empresarios”.
Y la constante, como señala Carlos González, del CNI región Centro-Pacífico, es que las comunidades y ejidos están siendo presionados para aceptar “ la política que engarza todos los despojos y robos que es el programa de certificación de derechos ejidales, y el de derechos comunales”.
Cuentan los comuneros de Ostula, la única comunidad de la costa de Michoacán que ha resistido al PROCEDE , que han visto con este programa una insistencia mayor que la que han hecho con respecto a otros que “luego como que se les olvida y ya no nos dicen nada, pero con el PROCEDE nos siguen insistiendo, nos dicen que ahora se llama PROCECOM, que ahora se van a medir de manera comunal las tierras, que ya no tengamos desconfianza. Algunos abogados nos han dicho que aunque no aceptemos el gobierno lo va a hacer, nosotros decimos que no lo vamos a dejar”.
A veces la imposición es descarada, en casos como el de la comunidad de Limón, Jalisco, la Procuraduría Agraria convocó a una reunión extraordinaria para sustituir de su cargo al comisariado que se opone al programa. Mientras, en otros sitios la presión muestra caras más criminales, como en la Sierra de Manantlán donde un comisariado que se oponía al programa fue cobardemente asesinado el pasado 13 de marzo.
“Vemos que la ofensiva se está agudizando. Es necesario oponernos con todas nuestras fuerzas porque ahora se viene un proceso mucho más acelerado de privatización de las tierras comunales”, advierte Carlos González
Y las comunidades indígenas saben que esta guerra no podrá enfrentarse sino en unidad.
“Nos adherimos a la Otra Campaña con los otros pueblos indios porque cada uno tiene su forma distinta de vivir, de organizarse, pero esas diferencias nos enriquecen”, reconoce el comisariado de San Hipólito y su voz se hace parte del llamado que desde aquí se hace a la unidad del movimiento indígena nacional dentro de la otra campaña.
Unidad también amenzada por los programas del gobierno, como señala Arturo Rubio, comunero de Nurío, “El asunto agrario lo único que ha hecho es dividir nuestro territorio. Tenemos problemas con nuestros hermanos de San Felipe que hasta la fecha no han resuelto (los de la reforma agraria). Vamos a resolverlo nosotros y vamos a resolverlo no haciéndole caso a los de arriba. Vamos a resolver los problemas abajo”. Un conflicto que las autoridades pretenden “solucionar” construyendo una autopista que “ nosotros sólo la ocuparemos para emigrar, para ir a Estados Unidos a trabajar como mano de obra barata, para eso nos servirá”.
Rodolfo Jiménez, otro purhépecha va mas lejos, lo que hace falta, dice, es “reconstruir el tejido social indígena”, advierte que “la cultura del capital está permeando nuestras comunidades indígenas, ya hay actitudes de egoísmo, de falta de solidaridad, de sobreexplotación de nuestros recursos naturales”.
Recalca Paulino Ramírez, de Bancos de San Hipólito esta relación entre despojo y fragmentación que traen consigo los programas gubernamentales: “nos prometen que con esos programas será más fácil resolver los conflictos agrarios, pero hemos visto que sólo sirve para dividirnos. Por creer en esos programas una comunidad de las tres que forman el pueblo waxarika, San Andrés, ya no está con nosotros. Quisiéramos que ustedes lo sintieran como lo estamos sintiendo nosotros”. Y concluye: “Defendernos es mantener la unidad”.
Pero defenderse, dice el Sub Comanadante Marcos, ya no basta: “Nosotros pensamos que esta guerra de conquista está en una etapa ya tan alocada, tan desatada, que no van a parar ante nada. La única forma de detenerla, sería que todas las resistencias que están ahora dispersas se unieran. Si siguen las resistencias sueltas, seguirán siendo heróicas, seguirán siendo valiosas y llegarán a ser cosa del pasado. Si seguimos solos cada quien por su lado, vamos a ser derrotados”.
Es aquí donde se enfoca, explica, el esfuerzo de La Otra Campaña “Porque según nosotros para detener esta guerra se necesitaría tal nivel de organización que la resistencia le queda corta. ¿Por qué, si logramos juntar toda la fuerza para resistir esa ofensiva, por qué quedarnos ahí? ¿por qué quedarnos en pedirle al estado que no sea malo, a los partidos políticos que ya no roben, por qué pedirle al PRD que ahora sí se porte bien, al PAN que se regrese al confesionario, al PRI que se regrese a la tumba? Si ya logramos unir toda esa fuerza a nivel nacional y toda la rebeldía que implica eso ¿por qué detenernos en reformar el país si tendríamos ya la fuerza para destruir totalmente el sistema que nos tiene así? Derrocar al gobierno y derrocar y destruir al sistema que nos está prometiendo la destrucción.
Nosotros pensamos que para enfrentar esa guerra de conquista, tenemos que ir por ellos, pasar a la ofensiva, que ya no es posible más sobrevivir en la resitencia si no organizamos este alzamiento a nivel nacional. Llegó la hora, tenemos que levantarnos. Y tenemos que decidir si es para ya nunca ponernos de rodillas o simplemente para esperar que el otro reconozca que existimos. Según nosotros, hay que levantarse y ya quedarnos de pie por el resto de la historia”.
La comunidad de Nurío, que sabe de autodeterminación, sirve como hace años de escenario de lo posible. Alrededor de la cancha de basquetbol del equipo local, “Los Purhépechas”, donde se ha desarrollado el evento, permanece en guardia la policía comunitaria, más bien atenta a la reunión.
Anochece en la casa del purhépecha, mientras otra noche, la larga noche de los quinientos años, roza su fin. Flotan las notas de una banda de viento y los pueblos indios se ponen de pie, dispuestos a permanecer así por el resto de la historia. |
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