|Lanza La Otra Campaña llamado a detener el exterminio de los pueblos cucapá y kiliwa |
| | Autor(a): Karla Garza
| Fecha: 10:31am Sábado 21 Octobre 2006
| Categoría: Notícias Generales / General News |
Hace 9000 años los cucapás habitaban estas tierras; hace unos sexenios (porque así se miden los periodos de destrucción en este país) el poder decidió que no tenían derecho a vivir de ellas. Hoy, los 300 cucapás que se resiten al exterminio, deben ampararse ante el gobierno para realizar la única actividad productiva posible para ellos, la pesca.

20-OCT-2006
Mexicali, Baja California
Lanza La Otra Campaña llamado a detener el exterminio de los pueblos cucapá y kiliwa
Por Karla Garza
Hace 9000 años los cucapás habitaban estas tierras; hace unos sexenios (porque así se miden los periodos de destrucción en este país) el poder decidió que no tenían derecho a vivir de ellas. Hoy, los 300 cucapás que se resiten al exterminio, deben ampararse ante el gobierno para realizar la única actividad productiva posible para ellos, la pesca.
“Promovemos amparos cada temporada, aún así nos decomisan nuestras artes de pesca”, dice Mónica ante el Delegado Zero en la pequeña reunión al pie de un árbol, en el patio de la escuela del pueblo El Mayor.
La razón para prohibir la pesca es que existen especies en peligro de extención, sin embargo, “la UNESCO dice que cuando un pueblo originario tiene menos de 1500 integrante, éste se encuentra en grave peligro de desaparecer”, recuerda Ricardo Rivera de la Torre a los asistentes a esta reunión. Está visto en Baja California, como en todo el país, que el gobierno es el último interesado en proteger el medio ambiente y las “áreas protegidas”, que lo son solo hasta que un comprador extranjero les llega al precio. Y está visto en Baja California, “como en ninguna otra parte en este país”, ha dicho el S.C.I. Marcos, que el gobierno es el más interesado en desaparecer a los pueblos indios.
Aquí, los cucapás les estorban para sus desarrollos turísticos, le estorban a la empresa transnacional que a unos cuantos metros de la entrada del pueblo se dedica a la caza y la pesca, sin preocuparse de las engorrosas “áreas protegidas”.
Está presente también Elías Espinoza, uno de los 54 sobrevivientes del pueblo kiliwa y uno de los 5 que aún hablan la lengua, para denunciar: “hemos perdido nuestra lengua y nuestra cultura y no somos escuchados. Perdemos más tiempo en las leyes, estamos allá, luchando contra el gobierno en los tribunales en lugar de estar con nuestros hijos. No tenemos escuelas ni centros médicos. ¿Cuándo vamos a ser atendidos, cuando nos acabemos?”
Para los kiliwas es cuestión de unos años: han hecho un “pacto de muerte”, han acordado no reproducirse más porque ya no quieren seguir soportando la humillación y el acoso del poder, ya no quieren, dicen, traer niños a este mundo en el que para ellos ya no hay lugar. Apeñas escucharla, la confesión pesa como una montaña de silencio sobre los presentes.
Pero “nosotros”, dice el S.I.Marcos, “no podemos decir que somos mexicanos y pienso que ustedes no pueden decir que son bajacalifornianos, si ven que en su época, cuando están vivos, están aniquilando totalmente a un pueblo, a un pueblo indio en este caso”.
“Hemos escuchado como personal de la armada de México, de los navales, son los que agreden y amenazan de muerte los pescadores y a las pescadoras una muchacha embarazada fue amenazada poniendole la boca del cañón, del arma por un marino en la panza porque se negaba a que su panga fuera requisada. Allá en Sinaloa, en el Dautillo, escuchamos la historia de un par de pescadores que iban en su panga, estaban pescando camarón , que lo tenían prohibido y que un guardacostas de la Armada de México lo partió, lo hundió y uno de ellos estuvo a punto de ahogarse. Y nosotros nos estamos preguntando cómo en un lugar donde abunda el narcotráfico, el ejército y la armada se dedican a perseguir a los pueblos indios en lugar de perseguir a los delincuentes”.
“Nosotros no podemos quedarnos así y he hablado con compañeros y compañeras de esta comunidad y les he propuesto a nombre de las comunidades zapatistas que hagamos aquí un campamento zapatista durante los meses de la pesca, finales de febrero, marzo, abril, mayo, lo que dura la temporada de la pesca, para estar junto con ellos pase lo que pase; si son agredidos y aprehendidos tendrán que agredirnos y aprehendernos también a nosotros”.
Los asistentes interrumpen con aplasusos y el vocero zapatista continúa: “ Y les dijimos que íbamos a mandar un aviso urgente a los compañeros de la Otra Capaña, mexicanos y chicanos que están al norte del río Bravo, para que en esos meses nos concentremos aquí el mayor número de gente para hacer una especie de escudo que proteja a la comunidad cucapá y kiliwua para que pueda sobrevivir como lleva sobreviviendo nueve mil años, sin ser tratatdos como delincuentes”. Hace también un llamado a La Otra Baja California “para que nos concentremos en esos meses para garanizar la supervivencia de dos culturas: la cucapá y la kiliwua”.
Y concluye: “Si se quiere solucionar el problema de manera definitiva la palabra la tiene el gobierno, si no, como pensamos nosotros, la tienen los pueblos indios de México”.
Finalmente, los anfitriones ofrecen a la carvana que acompaña a la Comisión Sexta, lisa y corbina “amparada”, especies de las que quizá sea la última temporada, de las muchas temporadas de pesca que aún restarán a los pueblos originarios de la península. |
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