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|El Centro Cultural Tlatelolco presentará Vencer o Morir de Leopoldo Ayala, libro del 68 |
| | Autor(a): Instituto Politécnico Nacional, publicaciones
| Fecha: 8:08am Lunes 15 Septiembre 2008
| Categoría: Notícias Generales / General News |
Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Av. Ricardo Flores Magón No. 1, Col. Nonoalco-Tlatelolco. Martes 24 de septiembre de 2008, 5pm.
Contaremos con la participación de: Leopoldo Ayala, Carlos Montemayor, Alberto Híjar, Fausto Trejo, Ivan Leroy, Nicté Kay, Grupo "Los Heraldos Negros", Sergio Raúl Arroyo y Arturo Salcido.
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Contaremos con la participación de: Leopoldo Ayala, Carlos Montemayor, Alberto Híjar, Fausto Trejo, Ivan Leroy, Nicté Kay, Grupo "Los Heraldos Negros", Sergio Raúl Arroyo y Arturo Salcido.
La cita es en el:
Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Av. Ricardo Flores Magón No. 1, Col. Nonoalco-Tlatelolco
Martes 24 de septiembre, 5pm
Vencer o Morir de Leopoldo Ayala, libro del poeta de 68, publicado por el IPN y presentado por el Centro Universitario Tlatelolco
Vencer o Morir de Leopoldo Ayala es el más reciente libro del poeta mexicano y militante del Movimiento Estudiantil Popular de 1968. Con motivo del 40 aniversario de la matanza de Tlatelolco, el Instituto Politécnico Nacional publica el testimonio novelado que abarca la masacre contra maestros en 1971 y la Guerra sucia. El personaje del texto, una guerrillera de los 70, Olivia Ledezma, es el hilo conductor del relato de más de 500 páginas. Las palabras preliminares corren a cargo de Alberto Híjar y Carlos Montemayor.
Acerca de Vencer o Morir de Leopoldo Ayala, Ivan Leroy comenta:
Vencer o Morir de Leopoldo Ayala es el más reciente libro del poeta mexicano y militante del Movimiento Estudiantil Popular de 1968. Con motivo del 40 aniversario de la matanza de Tlatelolco, el Instituto Politécnico Nacional publica el testimonio novelado que abarca la masacre contra maestros en 1971 y la Guerra sucia. El personaje del texto, una guerrillera de los 70, Olivia Ledezma, es el hilo conductor del relato de más de 500 páginas. Las palabras preliminares corren a cargo de Alberto Híjar y Carlos Montemayor.
Vencer o Morir de Leopoldo Ayala nos manifiesta 139 capítulos (68+71). Tramas y urdimbres entretejen hechos que suceden en la consciencia del personaje central, Olivia Ledezma "Mariana". Acontecimientos que ocurren en la realidad inmediata del pueblo mexicano que el autor vivió y testimonia. Se desencadenan realidades paralelas de un lienzo en un mismo conjunto de historias. Olivia Ledezma, guerrillera de los 70, existió verdaderamente, es el hilo conductor que convoca a una serie de personajes que pueden haberla conocido, amado o intentado asesinarla, unificados en una marcha real o imaginaria en tiempo y espacio que sucede aquí, ahora; mujeres y hombres vivos o muertos, permanentes o inminentes, actúan en común convocados por la lucha social de México. El sentido testimonial se refuerza con la emoción, cuando el autor particulariza las vivencias de Olivia; del mismo modo en que se materializa objetivamente en cada uno de los monólogos que dan voz a los otros. Olivia puede estar muerta y evocar, incluso, lo que está por vivir; o viva y referirse a lo revelado: su condición no la imposibilita para transitar los límites de la vida y la muerte, en brazos de las exigencias, no de la lógica, sí del ejercicio necesario, que la acción revolucionaria tiene para tomar la palabra desde su voz armada. La poesía asalta, se prosifica para integrarse juicio de la historia.
Acerca de Vencer o Morir de Leopoldo Ayala, Carlos Montemayor ha dicho:
Cuando los hechos históricos se contienen como conciencia colectiva se convierten entonces en una especie de manantial de la identidad de los pueblos. Dejan de ser propiamente hechos históricos, segmentos episódicos, y adquieren una dimensión intemporal, una ubicuidad como la historia o la realidad que está siendo, no la historia o la realidad que fue. Esta conciencia colectiva da identidad a los pueblos porque esos hechos históricos otra vez están siendo en el presente, están siendo en verdad de nuevo la vida de los pueblos.
Esta es una de las visiones más extraordinarias de la cultura mexicana milenaria. La continuidad de ciertos hechos que fueron “históricos” muestra otros lazos profundos entre el pasado y futuro, entre la muerte y la vida, entre el extenso y complejo caudal del presente. El culto festivo a la muerte en México sería imposible sin el trasfondo de esos ciertos hechos sociales que son capaces de seguir siendo una forma de la vida actual.
A este propósito, he explicado en varios momentos que es difícil saber qué no es indígena en México o qué sigue siendo indígena. La cultura es un entramado complejo que abarca muchas formas de comprender el mundo. No sabemos todavía en qué medida la espiritualidad indígena ha estado ganando terreno con el paso del tiempo en lugar de estarlo perdiendo. Para los pueblos indios, por ejemplo, la tierra no es algo inerte, sino un ser vivo. Los manantiales, los ríos, las lluvias, las siembras y las cosechas representan procesos de entidades vivientes en el mundo visible e invisible que las comunidades tienen que recorrer día con día. Cada una de las etapas del proceso agrícola, cada una de las señales que la tierra, los insectos, las condiciones atmosféricas o la lluvia significan para la vida fecunda del campo, abren una oportunidad de comprender la vida de manera deslumbrante y al mismo tiempo secreta. De aquí que la comprensión que los pueblos indígenas de México tienen de sus compromisos con el mundo sea sustancialmente distinta a la nuestra.
Para el Occidente es obvia la calendarización de la historia: creemos que lo que ha ocurrido una vez ocurrió sólo en ese momento. Para la cultura indígena el tiempo tiene otra naturaleza, otra rapidez (u otra lentitud quizás), y es uno de los secretos de la resistencia cultural y de la capacidad combativa de esos pueblos. Para ellos el pasado se encuentra en otra dimensión que sigue coexistiendo con el presente. La memoria indígena es un proceso de revitalización del pasado. Las festividades, las danzas, los rezos, la tradición oral, son la fuerza de una memoria que se comunica con esa otra dimensión en que las cosas siguen vivas. Por ello, cuando hablan de Emiliano Zapata, o de héroes de la remota Conquista, de la Independencia o del siglo XIX, están hablando de una fuerza que se mantiene viva. En esa otra dimensión del mundo el tiempo no transcurre, o es simultáneo, y por ello el pasado convive con lo que estamos viviendo ahora. Así sucede con la memoria de sus luchas agrarias.
Esta visión de la lucha estaba presente en ciertos discursos de Lucio Cabañas: los que asesinaban campesinos y se oponían a la justicia eran los mismos traidores que iban cambiando de nombres conforme se sucedían los nuevos presidentes de la república, los políticos o los generales. En ciertos textos del Subcomandante Marcos aparece también la conciencia histórica de una lucha que está siendo durante el presente de muchos siglos.
Pues bien, en este formidable libro de Leopoldo Ayala, Vencer o morir, aparece con nitidez esta memoria milenaria de México: es un canto inmenso e intenso desde la muerte, desde los masacrados, desde los caídos; pero es un canto extraordinario a la vida misma, a la lucha, a la fuerza que resiste en el recuento y en los hechos. Una conciencia colectiva que permite unir, desde el 2 de octubre de Tlatelolco, una confesión con muchas otras; enlazar un momento de la lucha con un extenso presente de resistencia a lo largo de otras décadas; de recuperar una muerte en una larga y poderosa cadena de vidas. Este libro es un poderoso canto donde morir no significa estar vencido, donde la muerte no es el fin de la lucha, sino su renovación, su manantial sagrado, su luz, su fuerza que no está dispuesta a terminar. Una obra monumental como arte, como historia, como invocación de la poesía, como memoria nuestra.
Acerca de Vencer o Morir de Leopoldo Ayala, Alberto Híjar afirma:
Resistencia por todos lados pero sin proyectos de triunfo, fallamos en el ataque, la defensa no funciona, nadie distribuye hacia delante, los avances no culminan. Todo lo sólido se desvanece en el aire pero aprendemos. Las movilizaciones no bastan, las multitudes se dispersan, movilizarse para desmovilizar hasta las próximas elecciones. El Estado reprime y alienta la discusión sin salirse del campo institucional. Pero militariza, reprime brutalmente, garantiza impunidad para los culpables y refunde en prisiones de alta y mediana seguridad a los dirigentes sociales. Necesita de paramilitares como en Chiapas y patrocina generosamente a las organizaciones civiles de El Yunque para denunciar hechos y exigir castigos con todo el apoyo de la mal llamada socialdemocracia cristiana con Manuel Espino, Vicente Fox y José María Aznar en las dirigencias. Está claro que la sola vía legal y constitucional no basta. Tampoco la autocomplacencia comunitaria del encierro pobrista compartido. Sao Paulo y Porto Alegre fueron sedes donde se gritó ¡otro mundo es posible! y el eco respondió ¡¿cuál?!, ¡¿con quién?!, ¡¿para qué?!. Eso sí, crece el biopoder otro, excelentes poemas, pinturas, peformances, instalaciones, cantos y danzas y una que otra puesta en escena. Por ninguna parte el Plan Nacional de Lucha porque ya quedó claro el límite infructuoso de darle oportunidad a la palabra hasta la denuncia y la reivindicación parcial. Tampoco la pura organización horizontal se libra de las verticales decisiones y como ya nadie quiere partido, frente o coordinadora, habrá de crecer una articulación confederada de lo horizontal con lo vertical, de los pueblos en asamblea constituyente del pueblo en lucha. También la espuma es señal de la corriente, dice Lenin frente a movimientos sociales aparentemente disueltos a punta de bala, tolete y gas. Con la desconfianza ante los creyentes movilizados para restaurar al Estado benefactor aunque la Nación se muestre descuartizada con los trabajadores despojados de sus derechos históricos hasta el punto de que ser asalariado es ya un privilegio fuera del alcance de los migrantes, de los vendedores de cualquier baratija perseguidos por los barrenderos de centros históricos para el turismo de la gente rica. Turistas mentales que decía Siqueiros de los paseantes por el dorado relumbrón de la mercancía y el dinero como ley del valor implacable. Contamos con el potencial de los trabajadores envilecidos por los sindicatos corruptos ante los muchos más sin seguridad social alguna, de los campesinos empobrecidos ante el planeta arrasado, de los ciudadanos defraudados de siempre, de los muertos sin atención médica inalcanzable, de los inundados, de los envenenados por las lixiviaciones a cielo abierto, contaminado y lleno de emisiones mortíferas. De que tiene que ser total la repulsa no hay duda. Y no hay receta ni manual de procedimientos pero sí anulación de palabras para no decir dictadura del capital financiero, militarización extrema del poder, criminalización de las resistencias sociales y de los pocos político-militares justicieros. Ya sabemos todo lo que no. Ya sabremos distinguir entre el socialismo hacia la extinción del Estado y el capitalismo benefactor y autoritario hasta impedir el poder de los trabajadores, los sinpatria que sin embargo son los únicos con proyecto nacional a partir de su soberanía, la única libertaria y sin multimillonarios Forbes de por medio. ¿Cómo? Como podemos y seguimos con legiones de jóvenes audaces, concientes, disciplinados que ya entendieron que sí, la historia es la historia de la lucha de clases y hoy, cuando el capitalismo alcanzó dimensión mundial y el imperialismo no fue su fase superior porque faltaba este Imperio gobernante para la humanidad entera, el corsé de la globalización le queda chico a las sabrosuras de la gran humanidad que ha dicho basta y poco a poco se coordina para realizar lo necesario. Ahí vamos.
La cita es en el: Centro Cultural Universitario Tlatelolco
Martes 24 de septiembre de 2008, 5pm
Av. Ricardo Flores Magón No. 1, Col. Nonoalco-Tlatelolco |
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